Arroyo vs Sindicato: “la heladera en la cocina y el inodoro en el baño”

Arroyo vs Sindicato: “la heladera en la cocina y el inodoro en el baño”

Por Adrián Freijo – La frase de César Menotti para ejemplificar que en fútbol no hay que inventar demasiado, es aplicable ahora al debate generado por la posición del Ejecutivo frente al gremio.

A veces conviene ir de menor a mayor para entender lo que está ocurriendo; es decir, fijar el contexto para comprender el texto.

Y el escenario histórico de esta disputa absurda -de la que nadie saldrá ganador- es el de un acuerdo que a partir de la llegada de la democracia existe entre la comuna y el sindicato que nuclea a sus trabajadores, según el cual los dirigentes de la conducción gremial continúan cobrando su salario.

Tal vez, buscando una similitud de legalidad, podríamos afirmar que es un caso de jurisprudencia pacífica, toda vez que en 34 años ningún gobierno comunal (Roig, Russak, Aprile, Katz, Pulti y Arroyo en sus primeros dos años de mandato a punto de cumplir) cuestionaron aquel acuerdo que tenía mucho que ver con el estado calamitoso que el tiempo militar había dejado a estas y otras organizaciones sindicales.

Y entendido este marco general de un acuerdo consentido por intendentes anteriores, concejales de todos los períodos pasados, funcionarios de ley (Contador Municipal y organismos de control) y hasta el Tribunal de Cuentas de la provincia) que nunca lo cuestionaron, deberíamos pasar entonces al contexto puntual de lo que está ocurriendo.

Nunca, por más que se intente hacer creer lo contrario, una determinación tomada en el contexto de un conflicto puede ser analizada de otra forma que no sea un acto punitivo. Arroyo toma esta decisión porque está enfrentado, con razón o sin ella, con las autoridades del STM y fiel a su estilo quiere hacerles sentir el rigor.

Porque si lo resuelto fuera fruto de una convicción o un apego a la ley, el intendente debería denunciar penalmente (su secretario Mourelle habló de “robo” en la conferencia de prensa) no solo a los gremialistas sino a todos sus antecesores, a él mismo por 22 meses de delito continuado y hasta a los concejales por aprobar rendiciones de cuenta en la que la supuesta violación a la ley estaba asentada.

¿Lo va a hacer?...por supuesto que no.

Y si de cifras hablamos, la suma de lo que se lleva anualmente el grupo de parientes y allegados del jefe comunal supera largamente los $20 millones que, afirma, cobran indebidamente aquellos a los que ahora cuestiona. Nombres y salarios a la vista, esto es una verdad irreductible.

No se trata entonces de caer una vez más en la trampa de la “grieta” o en la visión que cada uno de nosotros tenga acerca del gremialismo, la política o la dirigencia.

Se trata de entender la futilidad de este entuerto, surgido de cuestiones menores que terminan lesionando al conjunto de la sociedad que -sobre las cenizas y ruinas que siempre dejan estas batallas- deberá afrontar el costo con su propio esfuerzo y dinero.

En una pelea tan absurda como extemporánea, en la que como siempre el ciudadano es convidado de piedra mientras los que viven de su esfuerzo dan otra vuelta en su carrousel de vanidades.

Todo tan absurdo…como habitual en nuestra vida institucional. Tal vez sea tiempo de aceptar el consejo de Menotti y ponerse a trabajar en serio.

LibreExpresion.net

Adrian Freijo Columna de Opinión

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